Eres mi visita número

lunes, 31 de diciembre de 2012

It's too hard to say goodbye...


Un año más que se marcha y un año más que escribo aquí cosas sobre él. 
Empezaba pareciendo que iba a ser igual de mierdoso que los anteriores, pero a resultado, al final, bastante mejor. 
¿Cosas que merecen la pena mencionar? Intentaré acordarme de todas.
1) Mi pelo ha sufrido varios cambios característicos y eso ha causado que se me caiga a raudales -pero decir que al menos he disfrutado haciéndome cosas en el pelo que nunca creí que iba a llevar acabo. 
Empezó así.
Le siguió este.
Y así está ahora.


2) Fui a clases de inglés y de francés cuando dejé de ir a fotografía en Pamplona.
3) En Mayo pude ir al Expomanga con unos amigos de Logroño y me lo pasé de maravilla. Incluso aún mejor.
4) Después del Expomanga comencé a leer y ver animes y mangas nuevos, sobre todo Naruto, que ya me he puesto al día.
5) Este verano me lo he pasado haciendo lo que más me gusta, dibujando.
6) Redescubrí mi obsesión por Supernatural y gracias a ello me uní más a mi amiga Mara, y conocí a otra chica llamada Carol.
7) Me matriculé en la Universidad de León en un Grado de Filología moderna, inglés.
8) Conocí a gente maravillosa en la Residencia donde vivo la mayoría del tiempo, excepto en vacaciones y festivos.
9) Vi a Mara una vez más en Madrid.
10) Este año he dado un paso para ir de nuevo a un concierto, esta vez a uno de Muse en Barcelona.
11) He conocido a varias personas geniales en la página donde subo mis dibujos y en tumblr.
Póster de regalo comprado por Carol en el Salón del Manga de Barcelona.



Trilogía de Green Day.
Cosas compradas en la visita a Mara y regalos de Mara.
Tomos manga conseguidos.
Aquí van unas de las cosas que he ido consiguiendo, o que me han regalado...
Libro de Jim Beaver.
Mi entrada para ver a Muse.


No mucho más... Espero que este año que viene sea muchísimo mejor que este que se va, aunque, la verdad sea dicha, lo dudo, y mucho...
Y antes de despedirme un video friki xD

martes, 11 de diciembre de 2012

Mientras duermes...

Doce menos tres de la noche.

        La habitación está a oscuras. Pero nuestros ojos se van acostumbrando paulatinamente a las tinieblas. Hay una mujer tendida en la cama, durmiendo. Una mujer joven y hermosa: Eri. Eri Asai, la hermana mayor de Mari. Nadie nos lo ha dicho, pero nosotros, ignoro cómo, lo sabemos. Su negra cabellera se desparrama sobre la almohada como un torrente de agua oscura. Nuestras miradas confluyen en ella, la observamos. O quizá sería más acertado decir que la espiamos. Ahora nuestros ojos se convierten en una cámara aérea que flota en el aire y que puede desplazarse libremente por la estancia. En estos instantes, la cámara se sitúa justo sobre la cama, enfoca el rostro dormido de Eri. Nuestro ángulo de visión va cambiando a intervalos rítmicos, como parpadeos. Sus labios, pequeños y bien dibujados, están cerrados formando una línea recta. A primera vista no se aprecian señales de que respire. Pero, al aguzar la mirada, podemos distinguir, de vez en cuando, un ligero, muy ligero, movimiento en la garganta. Eri respira. Yace con la cabeza apoyada sobre la almohada, vuelta hacia el techo. En realidad no está mirando nada. Tiene los párpados cerrados como la dura yema de una planta en invierno. Duerme profundamente. Es posible que ni siquiera sueñe.
        Conforme observamos a Eri Asai, nos invade la sensación de que en su sueño hay algo anormal. Su manera de dormir es demasiado pura, demasiado perfecta. Ni un solo músculo de su rostro, ni una sola pestaña, se mueven. Su esbelto cuello blanco preserva el profundo silencio de un objeto de artesanía, y su pequeña barbilla, convertida en un relieve orográfico de hermosas formas, traza un ángulo noble y perfecto. Por muy profundamente que duerma, nadie puede adentrarse tanto en los territorios del sueño. Jamás se abandona la conciencia por completo, hasta tal punto.
        Pero, dejando aparte el hecho de que exista o no la conciencia, las funciones fisiológicas necesarias para conservar la vida se mantienen activas. La respiración y el pulso alcanzan el máximo nivel posible. La existencia se sitúa en el estrecho umbral que separa lo orgánico y lo inorgánico..., con sigilo, con precaución.  Sin embargo, todavía no somos capaces de saber cómo y por qué ha llegado a este estado. Eri Asai se encuentra sumida en un profundo y elaborado sueño, como si todo su cuerpo estuviese envuelto en cera tibia. Y es evidente que aquí hay algo incompatible con lo natural. Por ahora, esto es todo cuanto podemos juzgar.
        La cámara va retrocediendo despacio, ahora capta la imagen completa de la habitación. Luego va captando cada detalle en busca de indicios. La estancia no se ve profusamente decorada. No es una habitación que permita adivinar los gustos ni la personalidad de su dueña. Si observáramos sin prestar mucha atención ni siquiera podríamos deducir que se trata de la habitación de una chica. No aparecen por ninguna parte ni muñecas, ni animalitos de felpa, ni accesorios. No hay pósters, ni siquiera un calendario. En el lado de la ventana hay un viejo escritorio de madera, una silla giratoria. Una persiana enrollable cuelga de la ventana. Sobre el escritorio una sencilla lámpara negra, un ordenador tamaño cuaderno de última generación (con la tapa cerrada). Algunos lápices y bolígrafos dentro de una taza grande. Junto a la pared, una sencilla cama individual de madera donde duerme Eri Asai. La colcha es blanca y lisa. En el lado opuesto a la cama, en una estantería instalada en la pared, hay un pequeño equipo de música y algunos cedés apilados. A su lado, un teléfono y un televisor de dieciocho pulgadas. Un tocador con espejo. Frente al espejo, sólo hay crema protectora de labios y un cepillo del pelo, pequeño y redondo. Apoyado en la pared, un armario de cuerpo entero. Como única decoración de la estancia, cinco pequeñas fotografías enmarcadas alineadas en uno de los estantes. Todas son de Eri Asai. En todas se la ve a ella sola. En ninguna aparece acompañada de algún familiar o amigo. Todas son fotografías profesionales en las que posa como modelo. Posiblemente son fotos publicadas en alguna revista. Hay una pequeña librería, pero los libros pueden contarse con los dedos de una mano y la mayoría son, además, manuales de las asignaturas que cursa en la universidad. Luego, vemos una montaña de revistas de moda de gran tamaño apiladas. Difícilmente podemos afirmar que sea una gran lectora.
        Nuestra perspectiva, a modo de una cámara invisible, va captando, uno tras otro, todos los objetos de la habitación, los reproduce con detenimiento, tomándose su tiempo. Somos unos intrusos, anónimos e invisibles. Miramos. Aguzamos el oído. Olemos. Pero, físicamente, no estamos presentes en el lugar, no dejamos rastro. Respetamos las reglas de los genuinos viajeros a través del tiempo. Observamos, pero no intervenimos. Para ser exactos, la información sobre Eri Asai que podemos inferir del aspecto de la habitación es muy pobre. Da la impresión de que previamente nos ha ocultado su personalidad, de que está logrando escapar con gran astucia de los ojos que la observan. 
        A la cabecera de la cama, un reloj digital actualiza, mudo y constante, el tiempo. En estos instantes es lo que único que muestra algo parecido al movimiento en el interior de la estancia. Un cauteloso animal nocturno que funciona con un mecanismo eléctrico. Los dígitos, de un verde cristal líquido, se suceden esquivando las miradas ajenas. Ahora son las 11:59 de la noche.
        Nuestra mirada, convertida en cámara, una vez ha dejado de observar los detalles, retrocede y barre de nuevo el interior de la estancia. Como si estuviese indecisa, enfoca momentáneamente la habitación en toda su magnitud. Durante esos instantes, el punto de vista permanece fijo. Se expande un silencio lleno de significados. Sin embargo, poco después, como si de pronto se le hubiese ocurrido, enfoca el televisor que se halla en un rincón del cuarto y se aproxima a él. Es un televisor Sony, negro y cuadrado. La pantalla está oscura, muerta, como el lado oculto de la luna. Sin embargo, la cámara parece haber detectado en ella un indicio. O quizás una especie de señal. Primer plano de la pantalla. Todavía sin decir una sola palabra, compartimos con la cámara este indicio, esta señal, y fijamos los ojos en la pantalla.
        Esperamos. Conteniendo el aliento, aguzando el oído.
        Aparecen los dígitos 0:00.
        A nuestros oídos llega un ligero crepitar de parásitos eléctricos. De manera simultánea, la pantalla del televisor muestra signos de vida y empieza a parpadear de una forma casi imperceptible. ¿Ha entrado alguien en la habitación sin que nos diésemos cuenta y ha encendido el televisor? ¿Se ha puesto en marcha el temporizador para grabar? No, ni una cosa ni otra. Con astucia, la cámara rodea el aparato y nos muestra que está desenchufado. Sí, el televisor debería estar muerto. Debería respetar el silencio, duro y frío, de la medianoche. Lógicamente. Teóricamente. Pero no está muerto.
        En la pantalla aparecen líneas de exploración, oscilan, y se borran. Luego aparecen de nuevo. El crepitar de parásitos se sucede sin interrupción. Pronto comienza a proyectarse algo en la pantalla. Una imagen empieza a cobrar forma. Sin embargo, poco después se inclina, como la letra cursiva, y desaparece igual que una llama apagada de un soplo. Luego vuelve a repetirse todo el proceso desde el principio. La imagen emerge como si hiciera acopio de todas sus fuerzas. Ese algo que hay allí intenta materializarse. Pero la imagen no logra cobrar forma. Se distorsiona como si la antena receptora fuera sacudida por un fuerte viento. El mensaje se fragmenta, los contornos se desdibujan y se disgregan. La cámara nos transmite cada fase del conflicto, de principio a fin.
        La mujer dormida parece ajena a los extraordinarios sucesos que se producen en el interior del cuarto. Tampoco muestra reacción alguna frente a los indiscretos sonidos y luces que emite el televisor. Sencillamente, continúa durmiendo en silencio dentro de aquella perfección inmutable. De momento, nada perturba su profundo sueño. La televisión es un nuevo intruso en el lugar. También nosotros somos intrusos, por supuesto. Pero, a diferencia de nosotros, la nueva intrusa no es silenciosa, ni transparente. Tampoco es neutral. Ella, sin lugar a dudas, pretende intervenir. Nosotros percibimos intuitivamente sus propósitos. 
        La imagen de la televisión aparece y desaparece, pero se va estabilizando de forma progresiva. En la pantalla se proyecta ahora el interior de una habitación. Una habitación bastante amplia. Parece una sala de un edificio de oficinas. También parece un aula. Con una enorme ventana de cristal y muchos fluorescentes alineándose en el techo. Pero no hay ni rastro de muebles. No, al observar con atención aparece una única silla en mitad de la estancia. Una vieja silla de madera con respaldo pero sin brazos. Una silla sencilla, funcional. En ella hay alguien sentado. La imagen aún no está bien definida, de modo que la figura del individuo que la ocupa no es más que una silueta desdibujada de contornos imprecisos. En la estancia flota el aire gélido de los lugares abandonados durante mucho tiempo.
        La cámara de televisión que (aparentemente) nos transmite esta imagen va aproximándose a la silla con cautela. A juzgar por su complexión física, la persona sentada en la silla es un hombre. El sujeto está algo inclinado hacia delante. Con la cabeza vuelta hacia la cámara, parece sumido en profundas reflexiones. Lleva ropa de color oscuro, zapatos de piel. No se distinguen las facciones de su rostro, pero el hombre parece más bien delgado, no muy alto. No podemos concretar la edad. Mientras vamos recogiendo toda esta información, detalle tras detalle, de modo fragmentario, a partir de esta pantalla imprecisa, la imagen, como si se acordara de pronto, continúa moviéndose de vez en cuando. Las interferencias serpentean, aumentan. Sin embargo, las dificultades no se prolongan durante mucho tiempo y pronto se recupera la imagen. También cesan los parásitos. Tras sucesivas pruebas y errores, la pantalla se encamina, decididamente, hacia la estabilidad.
        No cabe duda de que algo está apunto de ocurrir en la habitación. Posiblemente, algo de importancia capital.

After Dark, Murakami Haruki.

domingo, 9 de diciembre de 2012

40 years of madness.

Hoy cumple años uno de los hombres más locos que he llegado a tener la suerte de llamar ídolo.
¿Qué decir de él que nadie más sepa? Creo que nada, la verdad...
No estoy muy inspirada hoy pero espero que salga una entrada más o menos digna de la gran persona que hoy cumple cuarenta años.
Cuarenta años, que se dice pronto.
Hace ya cinco que te conozco, y cada vez me encantas más y más y más. Tanto tú como tus locuras y cosas, e idas de pinza.  Estás loco, pero en el buen sentido. Adoro tu forma de ser... Más aún que la de Mike y Billie, y gracias a ella te has hecho un hueco en lo más profundo de mi corazón. Porque haces y dices lo que te da la gana, lo que quieres, sin importarte lo que los demás piensen de ti, y eso me encanta en una persona.
Adoro tu voz, tus ojazos que me otorgan tranquilidad, y amo tu forma de tocar la batería, cada día me dejas con la boca abierta.
Uno puede llegar a pensar que conoce a una persona después de haberla estado siguiendo durante cinco años, pero yo nunca te llego a conocer del todo... Cada día cambias, cada día me das una sorpresa, cada una más agradable que la anterior.
Si hubiera una persona a la que me gustaría parecerme algún día serías tú, no lo pensaría ni dos veces. Porque, aunque no seas el hombre más hermoso y mejor formado del mundo, eres uno de los hombres que más confían en sí mismos, tienes personalidad propia, y no la que otras personas te piden que tengas. Lo sé, sé que dices lo que piensas siempre, no hace falta conocerte en persona para saberlo, solo hay que ver una o dos entrevistas tuyas y te das cuenta de ello. Y no solo dices lo que quieres, si no que te importa una mierda lo que piensen los demás, la dices porque es así como lo sientes, sin importarte nada más.
Te adoro demasiado Frank Edwin Wright III. Te amo y espero que nunca cambies porque, realmente, eres genial así. Y eso es lo que me ha enamorado de ti, de verdad.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Una parte nueva.

       Mi vida está cambiando. Lo sé, lo acepto, me asusta y me gusta a la vez. Tanta confusión de sentimientos no puede ser buena, y menos tan a la vez. Hay tantas preguntas típicas que no se producen en estos días en mi mente, y creo que comienzo a hacerme cada vez más consciente de mí misma. Comienzo a creer más en mí como yo sola.
      No quiero decir, con todo esto, que Judith haya desaparecido para siempre, sigue ahí pero cada vez más débil. Dudo mucho que consiga irse algún día, ni siquiera en uno muy lejano, aunque está menos presente que antes.
      Empiezo a entender un poco más por qué hago las cosas que hago, o por qué me expreso de este modo. Ya no me cuestiono tanto aspectos de mí misma, o de cómo hago ver a las personas lo que realmente soy. Si bien todavía no he conseguido ser yo la que empiece una conversación en los momentos en los que me quedo a solas con gente que no conozco, al menos ya no me siento tan incómoda entre ellos como antes. Y, curiosamente, me siento menos incómoda con chicos que con chicas...
      Hoy he descubierto algo que me ha sorprendido, por fin, y después de demasiado tiempo dándole vueltas a la cabeza, me he dado cuenta de que quiero estar sola. No sola en el sentido de ser autista, o de encerrarme en mí misma -incluso más aún de lo que a veces hago-, hablo sola en el sentido de sola. Y esto no quiere decir que ya no sienta lo que siento por él, lo cual creo que nunca va a desaparecer, ni siquiera quiere decir que me sienta una mierda porque solo quiera que seamos amigos, esto quiere decir que todavía no estoy preparada para mantener una relación amorosa a larga distancia.
      Me gusta tanto estar sola. Me cuesta tanto expresar mis sentimientos cuando estoy cerca de gente a la que quiero, o a la que comienzo a sentir más cercana a mí. Pocas veces le he dicho te quiero a alguien, no con esas palabras al menos. Pocas veces me siento cómoda dando dos besos a una persona que acabo de conocer, y mucho menos abrazar a esa persona unos meses después de amistad. Y últimamente como que lo busco, ¿o tal vez me lo merezco? No solo me sorprendió la semana pasada la bienvenida tan calurosa que tuve por parte de mis compañeros de piso, ya no solo digo de apartamento, también me ha sorprendido hoy que uno de los chicos me haya abrazado, si no que me ha sorprendido el hecho de que me he sentido bien al recibir cariño de unas personas que, aunque no lo haya admitido en alto, también comienzo a sentir afecto por ellas.
       Pero aún así quiero más.
       Es raro que sea yo la que está escribiendo esto a las casi dos de la mañana. Y es raro que lo esté escribiendo hoy después de cómo me he estado sintiendo últimamente.
       Creo que no solo me siento así porque intuía, y al final he sabido, la respuesta que él me iba a dar. Creo que es por algo más que ahora mismo no consigo poner nombre.
       Ayer salimos de cortos por la Catedral de León. Íbamos unas trece personas, de las cuales cuatro eran desconocidas para mí -a los dos chicos sí que los he visto varias veces porque viven en mi piso-. Salí un poco, no digamos a disgusto, sin muchas ganas. Y al final hasta me lo pasé bien.
       Hoy hemos ido siete personas a ver Lo Imposible en el cine, siete de las cuales una era mi compañera de apartamento, uno de los chicos de al lado, mi tocaya, y tres chicos, uno de ellos salió con nosotros de cortos, el otro ya lo conocía de antes (es un veterano de la residencia) y el otro lo he conocido hoy -por así decirlo-. Y, una vez más, el menos no todo el rato, no me he sentido como un bicho raro...
       A decir verdad, podría haber sido mejor, podría haber entablado una conversación interesante con dos de los chicos, o aunque fuera no interesante también. Podría haber participado más en todo. Pero también sé que he hecho más de lo que ya de normal hago con gente desconocida, y que, espero, poder mejorando en esto de hacer nuevas relaciones poco o a poco. También espero que, las demás personas, entiendan que soy nueva en esto, y que la timidez no es porque yo sea rara, es porque soy así, porque mucha gente me ha hecho daño en el pasado y aún estoy un poco resentida por todo aquello. Y que me cuesta, me cuesta coger confianza después de ello...
       Por último decir que, no es que esté contenta -en realidad estoy un poco deprimida, tal vez la película me ha afectado demasiado (sí, he llorado, ¿qué pasa?)-, estoy algo orgullosa de mi misma... No tanto como me gustaría, pero algo sí lo estoy. Para qué mentir.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Culpa a la lluvia.

Silencio ensordecedor, ruido que calma.
Grito desbordado, rabia canalizada.
Un solo pensamiento liberado,
persona equivocada la que escucha.
Muriéndote por dentro, reviviendo por fuera.
Amor roto, corazón que sangra.
Juventud que acaba, niñez adulta.
Música en mi cabeza, risa macabra.
Botellas vacías llenas de rencor.
Persona desconocida que sonríe,
ángel brillante de roja ropa.
Demonio para pocos, salvador para otros.
Así como bendición para mí, enemigo para los demás.
Creación que destruye la creación,
nada parece importarle a nadie.
Dios eterno que juzga sobre su trono de oro,
hormigas pisadas por gigantes.
Dolor en el rostro, alegría malvada. 
Sueño profundo, insomnio renovado.
Sábanas deshechas, persona solitaria.
Cielo ardiente, Infierno mojado.
Habitación abarrotada, no veo a nadie.
Pacto con el diablo, beso apasionado.
Ojos brillantes, alas oscuras.
Liberación del alma, prisión insana.
Prisión del alma, liberación insana.
Lágrimas húmedas secan mi cara.
Él culpa a la lluvia, yo adoro su mirada.
Suspiro insinuante, enfado notable.
Extraño olor a azufre, llamada del abismo.
Viento huracanado, excitación pasmosa.
Dejarse llevar, abrazo desesperado.
Mi ángel brillante de roja ropa,
promesa del Paraíso cumplida. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

No puedo dormir...

       "No puedo dormir...", es una frase que dependiendo de las circunstancias en las que la persona lo diga puede significar una cosa u otra. Por ejemplo, ayer yo no podía dormir. ¿Mis razones? La verdad, no eran muy racionales. No podía dormir simplemente porque había visto una película de miedo y pensaba que de un momento a otro algo malo nos iba a pasar. No solo me pasaba a mí, también a varias compañeras de la residencia y a uno de los chicos, así que dormimos tres, cada uno en un sofá, en el salón de un apartamento que no era el nuestro.
       El No puedo dormir..., de hoy no está dicho por mí, si no por él. Después de la entrada del otro día volvimos a hablar para mi gran sorpresa. En un principio, como ahora parece ser nuestra tradición, hablamos de cualquier cosa (Esta vez fue de sexo. Para qué esconderlo. Fue raro, en fin...), sin entrar en el tema primordial y que yo tanto intento por evitar. A media tarde hablamos sobre series. Por la noche tuvo que salir el tema... Pensaba que me iba a ir a dormir sin tocarlo, pero, una vez más, mis deseos no se hicieron realidad. 
       Una vez más, mis pensamientos y sentimientos se mezclaron con las palabras que le dije. No fue ni la mitad de lo que le debería haber contestado pero cuando me preguntó aquello no pude evitar ponerme roja. Hasta me subió la temperatura... Parece ser que aún sigue dándole vueltas a lo que le expliqué la semana pasada, y no sé cómo sentirme al respecto... ¿Es una buena señal? ¿O qué significa eso? Parece ser que el año pasado se dio algo de cuenta pero no sabía si era verdad o no... Y mi podría haber preguntado y tal vez todo esto estaría resuelto ya...
       Vaya, una vez más mi Síndrome de Holden Caulfield (lease El Guardián entre el Centeno para más información) ha vuelto a salir... Y es que no puedo explicar mis primeros pensamientos como me gustaría porque acabo mezclándolos con otras ideas que se me ocurren al escribir.
       No puedo dormir..., se repite una y otra vez en mi cabeza y no entiendo por qué. Está claro que es por algo que no está relacionado conmigo, al fin y al cabo no es que yo esté siempre en sus pensamientos (aunque un poco sí, la verdad), pero mi cabeza quiere creer que sí, y mi corazón pide a gritos que lo sea...
       En fin... No sé si yo podré dormir tampoco o tendré que ponerme a escuchar música. El caso es que son las tres de la mañana y debería meterme en la cama para descansar un poco.
       Aún "necesito" un libro de Haruki Murakami, pero aún no tengo suficiente dinero para comprarme uno y estoy ahorrando para el disco de Green Day...



martes, 6 de noviembre de 2012

Ware, yami tote... II

       Yo, la oscuridad... 
       Mis demonios interiores, una vez más, no me dejan en paz, ¿o es Judie? A veces siento cómo si desapareciese, otras cómo si reviviese, pero nunca, nunca, está ahí cuando se la necesita.
       Después de lo que ambas hicimos la semana pasada... Justo hace una semana... Nunca nos creí capaces de hacer aquello, pero se sintió demasiado bien y a la vez bastante extraño. Una no se declara todos los días al chico que siempre ha estado en su cabeza, ¿verdad? Debería sentirme orgullosa y contenta de ello, más aún cuando él me contestó y me trató mejor de lo que pensaba... ¿O fue una bonita forma de decirme que ni una mierda me va a dar una oportunidad cuando sea que haya despejado su mente?
       Seguro que la respuesta no es tan retorcida y compleja como me la espero. Pero puede que sí. Ya no sé ni qué pensar.
       Dios, hace una semana me sentía tan bien. Me sentía como all sunshine and rainbows. Y ahora, siete días después, vuelvo a estar "deprimida". Todo lo deprimida que ella me deja estar, claro. No encuentro una salida fácil a todo esto, y no sé por qué me como tanto la cabeza por una chorrada. Sí, puede no decirme nada, nunca, seguir con este silencio que ni el diamante consigue rajar, con el silencio que poco a poco divide mi alma en dos, una vez más.
       ¿Lágrimas? Ojalá todo fuera tan sencillo como dejarme caer en un rincón a llorar. Pues, al fin y al cabo, el viento se llevaría mis lágrimas y luego volvería a estar como antes. Rota por dentro. Una vez más yo, la oscuridad...
       Mire donde mire, está él; y eso ayuda más bien nada.
       ¿De quién fue la idea de contarle todo? La respuesta fácil sería Judith, por supuesto, pero nunca es una respuesta fácil en mi cabeza. Ni siquiera sé cuándo es ella o soy yo, ni cuándo al revés. Tan siquiera estoy completamente segura de que ella exista de verdad.
       Digamos que todo esto ha ocurrido porque, por primera vez en mi vida, he conseguido hacer amigos en una nueva ciudad sin proponérmelo y siendo yo misma. Así que ¿por qué no contarle a él todo? Yo me iba a sentir mejor... ¿Egoísmo? Puede... No sé. Lo único que se me pasó por la cabeza era dejar de sentirme odiosa por las noches, por las mañanas... Y ver ¿qué pasaría sí? El resultado podría haber sido catastrófico y, una parte de mí, deseaba que hubiera sido catastrófico.
       Creo que esto es un nuevo tipo de locura.
       Una locura retorcida y odiosa.
       He abierto mi corazón y no sé lo que he recibido a cambio. La próxima vez me lo pensaré mucho antes de hacer una locura. Juntaré los pros y los contras de mi decisión en mi mente, por vez vigésima, y dependiendo de cuáles de ellos pesen más haré lo que sea apropiado.
       Mi corazón me dice una cosa, mi cabeza otra. Cas dice no saber a qué me refiero. Crowley me pide todas las cosas perversas que mi corazón anhela de una manera u otra. Yo deseo que todo se resuelva pronto o explotaré. Y Judith... Bueno, Judith ha vuelto a desaparecer en mi cerebro, una vez más.
       Lo que Billie dice es "Estoy tan cansado de estar aburrido. Tan aburrido de estar cansado", y creo que tiene razón.


P.D. Quiero un libro de Haruki Murakami (Por si a alguien le interesa lo cual no creo).

lunes, 5 de noviembre de 2012

Ware, yami tote...


¿Quién soy yo?
¿Quién se detiene y se queda quieto mientras me lanzo al viento,
en el espacio entre momentos limitados?
¿Dónde queda este lugar?
¿El lugar que se destruye, en el espacio entre esas palabras comunes y familiares?
Mancho mis intenciones de oscuridad
Es fácil dejar de respirar... pero sólo quiero sentirte un poco más
¿Me permitirás vivir?
Una mañana brillante, abrí mis ojos y salieron lágrimas
Sentí como si hubiese entendido el significado por primera vez
No sé por qué, pero siento tristeza cuando estás cerca de mi
¿Por qué no podemos convertirnos en uno?
Estiro mis manos para aquellas palabras que son tan frágiles, incluso sólo una
Por favor, dale algo a mi corazón, cualquier cosa como un cuchillo
lo suficientemente afilado como para dañarte
El vacío de compensar
Madura
Simplemente en la oscuridad ...
El grito de la puesta de sol
Una mañana brillante, abrí mis ojos y salieron lágrimas
Sentí como si hubiese entendido el significado por primera vez
No sé por qué, pero siento tristeza cuando estás cerca de mi
¿Por qué no podemos convertirnos en uno?
Estiro mis manos para aquellas palabras que son tan frágiles, incluso sólo una
Por favor, dale algo a mi corazón, cualquier cosa como un cuchillo
Si sólo borras tu memoria, ¿crees que puedes cambiar?
Si olvidas y cambias, y no eres tú nunca más
El valor correcto de todas las cosas comenzará a verse cruel
Al menos déjame convertir lo que tengo ahora en una voz
Los términos y condiciones del mañana
Los gritos son tan dulces, el amor cambia su forma
Olvidando el dolor y olvidándome a mi mismo
Pero ahora, lo tomo día a día con la prueba que fluye ...
El valor correcto de todas las cosas comenzará a verse cruel
Al menos déjame convertir lo que tengo ahora en una voz
Los términos y condiciones del mañana

Con la prueba en el nombre de vivir ...

Ware, yami tote. Dir en Grey.

domingo, 28 de octubre de 2012

Trying to find my better angels.


"Imagine that you were going to kill someone. What do you think would be the most difficult part?
Three, two, one... time’s up! The correct answer: killing someone."
Death Note: Another Note. The Los Angeles BB Murder Case.
ISIN, Nisio

       Pues eso, que la parte más difícil de matar a alguien sería: matar a alguien... No es que quiera matar a nadie, simplemente estaba leyendo la historia del Asesino en serie Beyond Birthday y esa frase, del capítulo Page 4: Shinigami, me gustó. Ahí os la dejo.
       Esta entrada podría acabar así, fácilmente, pero, una vez más, mis demonios interiores no me dejan...
       Apalancarse en casa, sé que no es la mejor opción, pero es la que he vuelto a elegir. Sabéis que los sitios abarrotados no son lo mío, y si no lo sabías ahora sí. Cierto, me gustan los conciertos y los salones manga, y no es que sean sitios muy vacíos. Bueno, ¿cuántas veces he ido a un concierto y a un salón manga? Una vez por cada uno.
       Como también sabéis no soy dada a beber alcohol. Así que me pasé la noche bebiendo café y dibujando. (Luego enseñaré el dibujo). Y aunque yo misma elegí eso, ahora me arrepiento un poco.
       A lo que iba. ¿Por qué me gustan las cosas que a casi nadie más le gusta? A veces me pregunto si sería todo más fácil si fuese como los demás, si disfrutara bebiendo y saliendo a bailar con un vestido, tacones y maquillada, y si no me lo pasara mejor leyendo una historia sobre un asesino basada en una serie de anime, o dibujando como esta vez.
       Podría serlo, podría rebajarme -o alzarme- del mismo modo que ellos, pero entonces no sería yo, ¿cierto? Sería una persona completamente distinta con mi cara.
       Pero, ¿qué pasa con las personas como yo? Acaban siendo marginadas por los demás y tienen que buscarse otro lugar al que pertenecer. Sé que me llamaréis pesada, pero acaban del mismo modo que Lucifer. Sí, Lucifer es una de esas personas -aunque no exactamente una persona, ya que es un ángel-.
       ¿Por qué Lucifer fue desterrado del cielo y tuvo que ir al infierno? Porque no era como los demás ángeles. No. Mientras los demás hacían todo lo que Dios les pedía, él vio las cosas con sus propios ojos y se rebeló. Se rebeló, siguió lo que él creía, y acabó repudiado por sus propios hermanos y echado de su hogar.
       Al fin y al cabo eso es lo que hace esta sociedad de hoy en día. Margina y se mete con las personas que piensan diferente al resto. Y así va el mundo.
       Una persona no deja de ser una persona porque no le guste las mismas cosas que al resto. Al igual que Lucifer sigue siendo un ángel aunque odie a los seres humanos -además, se le describe como el ángel más hermoso de todos-.

El dibujo del que os he hablado antes. Beyond Birthday & Lawliet.

P.D. Dato Curioso: Lucifer significa Portador de Luz. Ahí lo dejo.