Eres mi visita número

jueves, 11 de abril de 2013

Higurashi no Naku Koro ni

Vamos, tenemos que olvidar ese futuro que siempre se nos presenta lleno de sangre. 
Cuando notes que el cálido viento sopla en espirales podría ser que quisiera mandarnos una señal. 
Libérate, libérate de ese destino lleno de dolor. 
No tienes porqué ser una flor brotando en el Infierno. 
No florezcas en un lugar así, no lo hagas ahí. 
No dejes que ese lugar te aprisione. 
Mientras los fragmentos del tiempo siguen flotando en silencio.








domingo, 31 de marzo de 2013

Quiero ver Doctor Who.

Ayer era en Inglaterra el estreno de la segunda parte de la séptima temporada de una de mis series predilectas de la televisión (BBC One) inglesa, Doctor Who.
Llevo esperando por este capítulo, diría toda la vida pero no es cierto, algo así como un mes y medio y me habían dejado en una de las partes más interesantes de la temporada. Así que os podéis imaginar cómo era que estaba. Sobre todo si le añades mi dolor de ovarios mensual, y que eso estaba afectando a mi estado anímico del día.
No sabía exactamente a qué hora era el estreno en Inglaterra, y en otros pocos afortunados países del mundo que tienen la BBC como una de sus cadenas en la televisión (cosa que no me extraña nada que España no esté entre uno de ellos), pero suponía que era hacia las diez y media o así. Pero, para no pasarme de la hora por si había una remota y extraña posibilidad de poder verlo en internet a la misma hora que el resto de países en los que se habla inglés, a eso de las seis y media (todavía sin haber acabado un trabajo de fonética cuya fecha límite de entrega es hoy) decidí meterme en la página de la BBC y buscar si por una casualidad se podía ver la tele. Queda decir que tenía esa esperanza porque, por ejemplo, la radio sí que se puede escuchar desde allí.
Si la radio se puede escuchar, ¿por qué no podría ver el episodio de Doctor Who de la misma manera? 
Lo cual, debo confesar, no salió tan bien como en un principio parecía.
¡Conseguí encontrar la hora en la que la serie se echaba y quedaba menos de una hora! Es decir, el episodio lo echaban a las siete y cuarto, seis y cuarto hora inglesa. No podía creerme que iba a ver, por primera vez, un estreno de algo al mismo tiempo que los ingleses.
Como al fin parecía que el día no iba a acabar tan mal como pensaba decidí acabar el trabajo y así hacía tiempo a que llegase la hora señalada. Cuando decido que no puedo esperar más y, aunque no me enterase de nada, intento ver las noticias de los deportes que iban antes, un mensaje ninja aparece... ¡ME PEDÍAN UNA TV LICENCE! Una TV licence, ¿qué coño era eso? Pues al parecer, en Inglaterra, si quieres ver la televisión por internet tienes que pagar una cierta cantidad de dinero al mes o al año para poder acceder a ello.
Quedaban quince minutos para la hora y no encontraba una maldita página donde poder verla, diez minutos y nada, cinco y seguía sin encontrar... Ya eran y veinte, mierda, mierda, mierda. Las siete y media, más mierda... Solo me quedaba una esperanza... Que la gente que suele subir los episodios de las series al día siguiente de su estreno en su V.O. a seriesly, al ser este estreno mucho antes que de costumbre, lo subiera para las ocho y media aquí en España.
No parecía que fuera a salir mal del todo el día, pues a la hora que yo había previsto, la gente comenzó a subir links de visionado directo ¡pero eran de descarga y tardaba dos horas en bajarse el capítulo!
Para mi sorpresa, diez minutos después alguien puso un link que sí funcionaba.
Imaginaos el grito de felicidad que pegué en ese momento.
Sin embargo, no todo podía salir tan perfecto. Además de que el link por donde vi los primeros ocho minutos y medio del episodio iba más lento que el caballo del malo, mi primo vino a cenar justo cuando estaba emocionada al ver que el Doctor se ponía su ropa predilecta de esta temporada.
Así que tuve que ir a cenar al salón todo el rato pensando: Quiero ver Doctor Who, quiero ver Doctor Who... Y sonriendo a la pizza cual estúpida mientras me acordaba de lo genial que salía el Doctor en lo poco que pude ver de episodio.
¡Y al final el milagro llegó! Cuando acabamos de cenar a que no adivináis ¿qué hicieron mi padre, mi hermano y mi primo? ¡SE PUSIERON A VER EL FÚTBOL, TENÍA VÍA LIBRE PARA ACABAR DE VER DOCTOR WHO!
Y eso hice... Por fin había conseguido encontrar un momento de libertad para emocionarme con una de las mejores series de toda Inglaterra...

Conclusión del episodio de ayer de Doctor Who: Sigue sin gustarme el nuevo diseño de la T.A.R.D.I.S. ni Clara, la nueva acompañante del Undécimo Doctor.
¡¡¡¡¡¡¡¡Yo quiero que vuelvan los Pond!!!!!!!!

jueves, 14 de febrero de 2013

Labios de whisky con sabor a cigarrillos.

Aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio [...]

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, 
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento [...]

L. García Montero,  Aunque tú no lo sepas.

Es un poema que me ha tocado analizar esta mañana en un examen que, por cierto, está suspendido, y que me ha recordado a un tiempo no muy lejano... Sip, soy más estúpida y romanticona de lo que parezco a veces. Además viene bien para un día como hoy, aunque sea uno de los días más consumistas del maldito año, San Valentín. (Puagg...)


miércoles, 6 de febrero de 2013

Wounded.



Lost and broken.
Hopeless and lonely.
Smiling on the outside
and hurt beneath my skin.
My eyes are fading,
my soul is bleeding.
I'll try to make it seem okay,
but my faith is wearing thin.
So help me heal these wounds
they've been open for way to long.
Help me fill this hole,
even though this is not your fault
that I'm open and I'm bleeding
all over your brand new rug.
And I need someone 
to help me sew them up.
I only wanted a magazine,
I only wanted a movie screen,
I only wanted the life
I'd read about and dreamed.
And now my mind is an open book,
and now my heart is an open wound,
and now my life is an open sould for all to see.
But help me heal these wounds,
they've been open for way too long.
Help me fill this hole,
even though this is not your fault
that I'm open and I'm bleeding
all over your brand new rug.
And I need someone
to help me...
So you come along,
I push you away
then kick and scream for you to stay,
'cuz I need someone to help me.
Oh! I need someone to help me...
To help me heal these wounds,
they've been open for way too long.
Help me fill this hole,
even though this is not your fault
that I'm open and I'm bleeding
all over your brand new rug.
And I need someone to help me sew them,
I need someone to help me fill them,
I need someone to help me close them up.

viernes, 11 de enero de 2013


El mundo de Dookie Uchiha:
La historia de mi vida/2

Acabé con los fastidiosos días en educación infantil para cambiarme de colegio, seguía siendo en mi pueblo pero en distinto sitio, y para mi alivio no iba a tener a la profesora que había hecho que odiase mis tres primeros años escolares, pero iba a tener otros profesores tal vez peores. Como el tipo de primero, yo no entendía una mierda de matemáticas, y sigo sin entender. Bah, a mí qué me importaba cómo se restaba con llevadas, seguía queriendo ver anime en la televisión y pasar las tardes en la plaza coleccionando los tazos de Pokémon que salían en las bolsas de patatas y ganando los tazos de mis amigos para tener cuántos más, mejor. Además había descubierto unos cuantos animes más como Digimon, Bola de Dragón, Medabots...
Pero con lo que me dio de verdad fue con Harry Potter, y luego con El Señor de los Anillos pero un poco menos.
Así que como imagináis sólo pensaba en fantasías, como lo llamaba mi padre.
Ahora sigo viendo anime, pero sigo extrañando esas primeras series que me engancharon cuando era pequeña... Sí, a veces hasta se me escapa una pequeña lágrima cuando veo los openings y endings de ellas.

P.D. Siento haber tardado tanto en escribir otra entrada de estas, pero es que las iba retrasando y retrasando y nunca encontraba el tiempo. Como ahora estoy un poco melancólica me dan por recordar cosas como estas...
Ahora toca seguir estudiando que apenas he tocado Linguística (que la voy a dejar para Febrero porque es demasiado para aprendérmelo en dos semanas) y debería haberlo hecho. Otro día más, y espero que mejor.

miércoles, 9 de enero de 2013

I think I'm gonna throw it all up.

        Se acercan los primeros exámenes de mi época universitaria y nerviosa no es ni la mitad de cómo me siento en estos momentos. Me dan ganas de llorar, de no dormir, no puedo ni comer una sola patata frita por miedo a echarlo todo, y solo quiero estar en casa con mis cascos puestos y cantar mientras leo manga.
        Sé que si voy con la mentalidad de que voy a suspender al final lo haré, pero cuando pienso en todo lo que aún debo, por aprenderme mi estómago juega conmigo y es imposible no pensar que voy a suspender. Y si suspendo no podré seguir estudiando lo mismo en mi ciudad. No es que no quiera seguir en León, tampoco es porque me encuentre mal aquí, es porque el gasto es demasiado alto y me da la sensación que aquí no rindo todo lo que podría.
         No puedo escribir esto sin que las ganas de llorar aumenten por momentos. Si alguna de las frases que escribo no tienen mucho sentido, entendedme.
         Creo que me he dado cuenta, demasiado tarde, lo rápido que se pasa todo. El 2012 se acaba de ir, y fue tan maravilloso en tantas formas. La primavera leyendo manga y estudiando inglés en una academia. El expomanga. El verano esperando para saber si me habían cogido en la Universidad de donde vivo para acabar estudiando en León. (Aunque al final no ha sido tan malo como parecía en un principio). Parece que fue ayer cuando descubrí, mi ahora adorado hobby, el anime. Cuando todo lo que soñaba con ser era Entrenadora Pokémon... Ojalá todo fuese tan fácil, ¿verdad? Porque en el fondo, lo sabía, nada era así de fácil.
          No quiero que todo se pase, no quiero seguir cumpliendo años, no quiero ser mayor. Me aterra el cambio, y más si es un cambio tan rápido como este. Aunque también me aterra quedarme estancada, quedarme atrás, ser otra persona más sin estudios. Quiero estar aquí y a la vez quiero volver a casa. Pero, ¿no es lo mismo que el año pasado? ¿Voy a volver a dejar los estudios sin acabar en el primer año? No quería estudiar fuera pero aún así, ¿no fui yo quien les dijo a mis padres que no me importaba? Ahora deseo haber dicho que no, que me quedaba en mi ciudad haciendo esos cursos de inglés en la Universidad e intentar entrar de nuevo al año siguiente.
          Solo quiero que Enero y Febrero se pasen de una vez y comenzar las clases del segundo semestre tan rápido como se han pasado los meses anteriores. Quiero no tener ganas de vomitar como las estoy teniendo últimamente. Necesito, me da igual suspender o no, que esta fase se pase de una vez. Perderle el miedo a los malditos exámenes...
           ¿Por qué los malditos exámenes tienen que existir? Los odio con todas mis fuerzas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

It's too hard to say goodbye...


Un año más que se marcha y un año más que escribo aquí cosas sobre él. 
Empezaba pareciendo que iba a ser igual de mierdoso que los anteriores, pero a resultado, al final, bastante mejor. 
¿Cosas que merecen la pena mencionar? Intentaré acordarme de todas.
1) Mi pelo ha sufrido varios cambios característicos y eso ha causado que se me caiga a raudales -pero decir que al menos he disfrutado haciéndome cosas en el pelo que nunca creí que iba a llevar acabo. 
Empezó así.
Le siguió este.
Y así está ahora.


2) Fui a clases de inglés y de francés cuando dejé de ir a fotografía en Pamplona.
3) En Mayo pude ir al Expomanga con unos amigos de Logroño y me lo pasé de maravilla. Incluso aún mejor.
4) Después del Expomanga comencé a leer y ver animes y mangas nuevos, sobre todo Naruto, que ya me he puesto al día.
5) Este verano me lo he pasado haciendo lo que más me gusta, dibujando.
6) Redescubrí mi obsesión por Supernatural y gracias a ello me uní más a mi amiga Mara, y conocí a otra chica llamada Carol.
7) Me matriculé en la Universidad de León en un Grado de Filología moderna, inglés.
8) Conocí a gente maravillosa en la Residencia donde vivo la mayoría del tiempo, excepto en vacaciones y festivos.
9) Vi a Mara una vez más en Madrid.
10) Este año he dado un paso para ir de nuevo a un concierto, esta vez a uno de Muse en Barcelona.
11) He conocido a varias personas geniales en la página donde subo mis dibujos y en tumblr.
Póster de regalo comprado por Carol en el Salón del Manga de Barcelona.



Trilogía de Green Day.
Cosas compradas en la visita a Mara y regalos de Mara.
Tomos manga conseguidos.
Aquí van unas de las cosas que he ido consiguiendo, o que me han regalado...
Libro de Jim Beaver.
Mi entrada para ver a Muse.


No mucho más... Espero que este año que viene sea muchísimo mejor que este que se va, aunque, la verdad sea dicha, lo dudo, y mucho...
Y antes de despedirme un video friki xD

martes, 11 de diciembre de 2012

Mientras duermes...

Doce menos tres de la noche.

        La habitación está a oscuras. Pero nuestros ojos se van acostumbrando paulatinamente a las tinieblas. Hay una mujer tendida en la cama, durmiendo. Una mujer joven y hermosa: Eri. Eri Asai, la hermana mayor de Mari. Nadie nos lo ha dicho, pero nosotros, ignoro cómo, lo sabemos. Su negra cabellera se desparrama sobre la almohada como un torrente de agua oscura. Nuestras miradas confluyen en ella, la observamos. O quizá sería más acertado decir que la espiamos. Ahora nuestros ojos se convierten en una cámara aérea que flota en el aire y que puede desplazarse libremente por la estancia. En estos instantes, la cámara se sitúa justo sobre la cama, enfoca el rostro dormido de Eri. Nuestro ángulo de visión va cambiando a intervalos rítmicos, como parpadeos. Sus labios, pequeños y bien dibujados, están cerrados formando una línea recta. A primera vista no se aprecian señales de que respire. Pero, al aguzar la mirada, podemos distinguir, de vez en cuando, un ligero, muy ligero, movimiento en la garganta. Eri respira. Yace con la cabeza apoyada sobre la almohada, vuelta hacia el techo. En realidad no está mirando nada. Tiene los párpados cerrados como la dura yema de una planta en invierno. Duerme profundamente. Es posible que ni siquiera sueñe.
        Conforme observamos a Eri Asai, nos invade la sensación de que en su sueño hay algo anormal. Su manera de dormir es demasiado pura, demasiado perfecta. Ni un solo músculo de su rostro, ni una sola pestaña, se mueven. Su esbelto cuello blanco preserva el profundo silencio de un objeto de artesanía, y su pequeña barbilla, convertida en un relieve orográfico de hermosas formas, traza un ángulo noble y perfecto. Por muy profundamente que duerma, nadie puede adentrarse tanto en los territorios del sueño. Jamás se abandona la conciencia por completo, hasta tal punto.
        Pero, dejando aparte el hecho de que exista o no la conciencia, las funciones fisiológicas necesarias para conservar la vida se mantienen activas. La respiración y el pulso alcanzan el máximo nivel posible. La existencia se sitúa en el estrecho umbral que separa lo orgánico y lo inorgánico..., con sigilo, con precaución.  Sin embargo, todavía no somos capaces de saber cómo y por qué ha llegado a este estado. Eri Asai se encuentra sumida en un profundo y elaborado sueño, como si todo su cuerpo estuviese envuelto en cera tibia. Y es evidente que aquí hay algo incompatible con lo natural. Por ahora, esto es todo cuanto podemos juzgar.
        La cámara va retrocediendo despacio, ahora capta la imagen completa de la habitación. Luego va captando cada detalle en busca de indicios. La estancia no se ve profusamente decorada. No es una habitación que permita adivinar los gustos ni la personalidad de su dueña. Si observáramos sin prestar mucha atención ni siquiera podríamos deducir que se trata de la habitación de una chica. No aparecen por ninguna parte ni muñecas, ni animalitos de felpa, ni accesorios. No hay pósters, ni siquiera un calendario. En el lado de la ventana hay un viejo escritorio de madera, una silla giratoria. Una persiana enrollable cuelga de la ventana. Sobre el escritorio una sencilla lámpara negra, un ordenador tamaño cuaderno de última generación (con la tapa cerrada). Algunos lápices y bolígrafos dentro de una taza grande. Junto a la pared, una sencilla cama individual de madera donde duerme Eri Asai. La colcha es blanca y lisa. En el lado opuesto a la cama, en una estantería instalada en la pared, hay un pequeño equipo de música y algunos cedés apilados. A su lado, un teléfono y un televisor de dieciocho pulgadas. Un tocador con espejo. Frente al espejo, sólo hay crema protectora de labios y un cepillo del pelo, pequeño y redondo. Apoyado en la pared, un armario de cuerpo entero. Como única decoración de la estancia, cinco pequeñas fotografías enmarcadas alineadas en uno de los estantes. Todas son de Eri Asai. En todas se la ve a ella sola. En ninguna aparece acompañada de algún familiar o amigo. Todas son fotografías profesionales en las que posa como modelo. Posiblemente son fotos publicadas en alguna revista. Hay una pequeña librería, pero los libros pueden contarse con los dedos de una mano y la mayoría son, además, manuales de las asignaturas que cursa en la universidad. Luego, vemos una montaña de revistas de moda de gran tamaño apiladas. Difícilmente podemos afirmar que sea una gran lectora.
        Nuestra perspectiva, a modo de una cámara invisible, va captando, uno tras otro, todos los objetos de la habitación, los reproduce con detenimiento, tomándose su tiempo. Somos unos intrusos, anónimos e invisibles. Miramos. Aguzamos el oído. Olemos. Pero, físicamente, no estamos presentes en el lugar, no dejamos rastro. Respetamos las reglas de los genuinos viajeros a través del tiempo. Observamos, pero no intervenimos. Para ser exactos, la información sobre Eri Asai que podemos inferir del aspecto de la habitación es muy pobre. Da la impresión de que previamente nos ha ocultado su personalidad, de que está logrando escapar con gran astucia de los ojos que la observan. 
        A la cabecera de la cama, un reloj digital actualiza, mudo y constante, el tiempo. En estos instantes es lo que único que muestra algo parecido al movimiento en el interior de la estancia. Un cauteloso animal nocturno que funciona con un mecanismo eléctrico. Los dígitos, de un verde cristal líquido, se suceden esquivando las miradas ajenas. Ahora son las 11:59 de la noche.
        Nuestra mirada, convertida en cámara, una vez ha dejado de observar los detalles, retrocede y barre de nuevo el interior de la estancia. Como si estuviese indecisa, enfoca momentáneamente la habitación en toda su magnitud. Durante esos instantes, el punto de vista permanece fijo. Se expande un silencio lleno de significados. Sin embargo, poco después, como si de pronto se le hubiese ocurrido, enfoca el televisor que se halla en un rincón del cuarto y se aproxima a él. Es un televisor Sony, negro y cuadrado. La pantalla está oscura, muerta, como el lado oculto de la luna. Sin embargo, la cámara parece haber detectado en ella un indicio. O quizás una especie de señal. Primer plano de la pantalla. Todavía sin decir una sola palabra, compartimos con la cámara este indicio, esta señal, y fijamos los ojos en la pantalla.
        Esperamos. Conteniendo el aliento, aguzando el oído.
        Aparecen los dígitos 0:00.
        A nuestros oídos llega un ligero crepitar de parásitos eléctricos. De manera simultánea, la pantalla del televisor muestra signos de vida y empieza a parpadear de una forma casi imperceptible. ¿Ha entrado alguien en la habitación sin que nos diésemos cuenta y ha encendido el televisor? ¿Se ha puesto en marcha el temporizador para grabar? No, ni una cosa ni otra. Con astucia, la cámara rodea el aparato y nos muestra que está desenchufado. Sí, el televisor debería estar muerto. Debería respetar el silencio, duro y frío, de la medianoche. Lógicamente. Teóricamente. Pero no está muerto.
        En la pantalla aparecen líneas de exploración, oscilan, y se borran. Luego aparecen de nuevo. El crepitar de parásitos se sucede sin interrupción. Pronto comienza a proyectarse algo en la pantalla. Una imagen empieza a cobrar forma. Sin embargo, poco después se inclina, como la letra cursiva, y desaparece igual que una llama apagada de un soplo. Luego vuelve a repetirse todo el proceso desde el principio. La imagen emerge como si hiciera acopio de todas sus fuerzas. Ese algo que hay allí intenta materializarse. Pero la imagen no logra cobrar forma. Se distorsiona como si la antena receptora fuera sacudida por un fuerte viento. El mensaje se fragmenta, los contornos se desdibujan y se disgregan. La cámara nos transmite cada fase del conflicto, de principio a fin.
        La mujer dormida parece ajena a los extraordinarios sucesos que se producen en el interior del cuarto. Tampoco muestra reacción alguna frente a los indiscretos sonidos y luces que emite el televisor. Sencillamente, continúa durmiendo en silencio dentro de aquella perfección inmutable. De momento, nada perturba su profundo sueño. La televisión es un nuevo intruso en el lugar. También nosotros somos intrusos, por supuesto. Pero, a diferencia de nosotros, la nueva intrusa no es silenciosa, ni transparente. Tampoco es neutral. Ella, sin lugar a dudas, pretende intervenir. Nosotros percibimos intuitivamente sus propósitos. 
        La imagen de la televisión aparece y desaparece, pero se va estabilizando de forma progresiva. En la pantalla se proyecta ahora el interior de una habitación. Una habitación bastante amplia. Parece una sala de un edificio de oficinas. También parece un aula. Con una enorme ventana de cristal y muchos fluorescentes alineándose en el techo. Pero no hay ni rastro de muebles. No, al observar con atención aparece una única silla en mitad de la estancia. Una vieja silla de madera con respaldo pero sin brazos. Una silla sencilla, funcional. En ella hay alguien sentado. La imagen aún no está bien definida, de modo que la figura del individuo que la ocupa no es más que una silueta desdibujada de contornos imprecisos. En la estancia flota el aire gélido de los lugares abandonados durante mucho tiempo.
        La cámara de televisión que (aparentemente) nos transmite esta imagen va aproximándose a la silla con cautela. A juzgar por su complexión física, la persona sentada en la silla es un hombre. El sujeto está algo inclinado hacia delante. Con la cabeza vuelta hacia la cámara, parece sumido en profundas reflexiones. Lleva ropa de color oscuro, zapatos de piel. No se distinguen las facciones de su rostro, pero el hombre parece más bien delgado, no muy alto. No podemos concretar la edad. Mientras vamos recogiendo toda esta información, detalle tras detalle, de modo fragmentario, a partir de esta pantalla imprecisa, la imagen, como si se acordara de pronto, continúa moviéndose de vez en cuando. Las interferencias serpentean, aumentan. Sin embargo, las dificultades no se prolongan durante mucho tiempo y pronto se recupera la imagen. También cesan los parásitos. Tras sucesivas pruebas y errores, la pantalla se encamina, decididamente, hacia la estabilidad.
        No cabe duda de que algo está apunto de ocurrir en la habitación. Posiblemente, algo de importancia capital.

After Dark, Murakami Haruki.

domingo, 9 de diciembre de 2012

40 years of madness.

Hoy cumple años uno de los hombres más locos que he llegado a tener la suerte de llamar ídolo.
¿Qué decir de él que nadie más sepa? Creo que nada, la verdad...
No estoy muy inspirada hoy pero espero que salga una entrada más o menos digna de la gran persona que hoy cumple cuarenta años.
Cuarenta años, que se dice pronto.
Hace ya cinco que te conozco, y cada vez me encantas más y más y más. Tanto tú como tus locuras y cosas, e idas de pinza.  Estás loco, pero en el buen sentido. Adoro tu forma de ser... Más aún que la de Mike y Billie, y gracias a ella te has hecho un hueco en lo más profundo de mi corazón. Porque haces y dices lo que te da la gana, lo que quieres, sin importarte lo que los demás piensen de ti, y eso me encanta en una persona.
Adoro tu voz, tus ojazos que me otorgan tranquilidad, y amo tu forma de tocar la batería, cada día me dejas con la boca abierta.
Uno puede llegar a pensar que conoce a una persona después de haberla estado siguiendo durante cinco años, pero yo nunca te llego a conocer del todo... Cada día cambias, cada día me das una sorpresa, cada una más agradable que la anterior.
Si hubiera una persona a la que me gustaría parecerme algún día serías tú, no lo pensaría ni dos veces. Porque, aunque no seas el hombre más hermoso y mejor formado del mundo, eres uno de los hombres que más confían en sí mismos, tienes personalidad propia, y no la que otras personas te piden que tengas. Lo sé, sé que dices lo que piensas siempre, no hace falta conocerte en persona para saberlo, solo hay que ver una o dos entrevistas tuyas y te das cuenta de ello. Y no solo dices lo que quieres, si no que te importa una mierda lo que piensen los demás, la dices porque es así como lo sientes, sin importarte nada más.
Te adoro demasiado Frank Edwin Wright III. Te amo y espero que nunca cambies porque, realmente, eres genial así. Y eso es lo que me ha enamorado de ti, de verdad.